El ¨Toro¨era otra cosa

El Torino era otra cosa, cupé sin parantes, lineas agradables, proporcionadas, tablero de nogal, instrumental de aguja completísimo, tapizado de cuero y una terminación de lo mejor para la época. Hasta el escape oval o doble era anticonvencional. Todo eso sin contar el volante de madera y aluminio, la consola de cuero y nogal o la palanca de cambios que comandaba la caja ZF de cuatro velocidades sincronizadas, casi 180 de máxima para la versión 380 de un carburador Holley de una boca, y mas de 205 por hora para el 380W, con tres carburadores Weber horizontales. Fue la respuesta rebelde a todo lo que había entonces; llegó para mojar la oreja a los Fordistas y Chevroletistas. Por eso fue amado y odiado al mismo tiempo, incluso hoy a un cuarto de siglo.
Decir Torino es decir San Pedro TC, Gradassi, Copello, Gastón Perkins, Luis Di Palma, es hablar del surgimiento de Oreste Berta y su afirmación como mago. Es revivir las 84hs de Nürburgring y la creación de los Sport Prototipos que pelearon con los Porsche.
Era también facha en la calle, nervio en la ruta y levante seguro en el boliche.
En fin, el país automovilístico se dividió en un antes y en un después del Torino, todo cambió, y el punto de inflexión le correspondió a este auto.

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